Leyendo mis entradas anteriores me percaté de lo depresivo que este espacio era y, aunque quizás esa fue la intención inicial, es momento de darle un nuevo giro. No se si he cambiado, pero me aburre escribir y filosofar sobre temas manoseados hasta el cansancio. Así que dejando las pajas mentales de lado me dispondré a describir y quizás reflexionar sobre acontecimientos cotidianos y los expondré a mi invisible e inexistente público.
Hoy por ejemplo fue un día especial, el cumpleaños del hijo de mi polola, madre adolescente con recursos suficientes para mimar y criar a un enano simpático pero mamón, un perfecto hijo de nuestra sociedad consumista, apática y disfuncional. Primero a una sala de cine "premium" una excusa perfecta para cobrar el doble de la entrada y tener el increíble beneficio de una butaca de cuero donde un trasero morbido como los de los programas gringos se revolcaría de placer al verse tan libre en tamaño espacio. El resultado es ver la película enterrado en la elegante butaca sudando y compartiendo los sudores de los anteriores clientes en una sala con 30 grados.
Pero la velada no podía terminar ahí, sino engordando en uno de los tantos locales de comida semi-rápida al estilo gringo, con ribs, hamburguesas y todas esas deliciosas cochinadas bañadas en las más suculentas y variadas salsas. La comida terminó bien hasta que el hijo de mi polola me derramó accidentalmente un gran vaso repleto de coca cola light. Los hielos flotaban en mi entrepierna y pude sentir como las burbujitas de gas bailaban en mi, a esas alturas, congelado y pegajoso trasero. Era su cumpleaños, estaba mi suegra, mi cuñado y su polola, así que reprimí el grito que casi innato que casi se escapa. No se cual es el adecuado, probablemente habría salido un "puta la hueá" o un simple "mierda", que habría encajado a la perfección con el tipo de comida. En fin, rabia reprimida, grito reprimido, digamos que no pasa nada, sonriamos, y al baño a descargar la ira con la absurda excusa de ir a secarse. A nadie le interesó, si se mojaba otra persona probablemente si, pero al menos fui bendecido por el elixir del primer mundo.
Escribirle a un lector inexistente es absurdo, pero lo es aún más hacer un pequeño vocabulario para aún más remotos lectores extranjeros.
Polola: mujer que te domina y con palabras dulces te tiene agarrado de las bolas.
Hueá: Muletilla por excelencia, una hueá es todo y nada, es una divinidad dentro de las palabras.