
Hace mucho no escribo. Este descuido ha significado que en mi cabeza se engendrara un coagulo de ideas burdas que deben salir para continuar con una vida relativamente normal. Estoy ebrio, mi condición me obliga a transmitir torpemente sentimientos indescriptibles por los que estoy pasando. Si bien mi vida carece de total sentido y se vuelve cada día más insignificante y tediosa, he conciliado un par de ideas que me animan y me dan esperanzas para seguir luchando. Una luz invisible, casi imperceptible me encandila, me indica que no todo está perdido. El esplendor se llama cariño, aunque no lo entregue recibo este don a diario de mis amigos, brillo sempiterno que me impide terminar con una tediosa existencia que aborrezco. Siempre estarán ahí, son pocos pero buenos, les agradezco por soportar a un pequeño engendro luchando por sobrevivir e intentar, infructuosamente por cierto, entregar un poco de amor en cómodas cuotas menstruales. Gracias divino regalo, don desinteresado, por otorgarme cariño inagotable que aprecio a pesar de mi escepticismo cotidiano, sin ustedes no sería nada, solo un pobre vagabundo intentando devorar la basura de los cinismos alienantes.
