jueves, diciembre 29, 2005

Agradecimiento esquizofrénico


Hace mucho no escribo. Este descuido ha significado que en mi cabeza se engendrara un coagulo de ideas burdas que deben salir para continuar con una vida relativamente normal. Estoy ebrio, mi condición me obliga a transmitir torpemente sentimientos indescriptibles por los que estoy pasando. Si bien mi vida carece de total sentido y se vuelve cada día más insignificante y tediosa, he conciliado un par de ideas que me animan y me dan esperanzas para seguir luchando. Una luz invisible, casi imperceptible me encandila, me indica que no todo está perdido. El esplendor se llama cariño, aunque no lo entregue recibo este don a diario de mis amigos, brillo sempiterno que me impide terminar con una tediosa existencia que aborrezco. Siempre estarán ahí, son pocos pero buenos, les agradezco por soportar a un pequeño engendro luchando por sobrevivir e intentar, infructuosamente por cierto, entregar un poco de amor en cómodas cuotas menstruales. Gracias divino regalo, don desinteresado, por otorgarme cariño inagotable que aprecio a pesar de mi escepticismo cotidiano, sin ustedes no sería nada, solo un pobre vagabundo intentando devorar la basura de los cinismos alienantes.

sábado, diciembre 17, 2005

La luna en el mar


A pesar de aparentar lo contrario soy un hombre triste y solitario. La alegría me ha abandonado y solo me acompaña en los momentos en que me encuentro con peculiares seres que aparentemente sienten un cariño por mí. Pero no se puede estar siempre acompañado, la noche cae, con ella la soledad, la angustia y la desazón que se funden y me acompañan en tan amarga velada. ¿Por qué he decidido quedarme solo? Nadie me conoce lo suficiente, mi corazón es un objeto amorfo, tímido que se niega a entregarse a la razón humana, por miedo, por ese profundo sentimiento de rechazo que me provoca.
Oculto, refugiado en mis infundados temores me desespero y yazgo acá alejado del afecto, soy un ermitaño sentimentalmente ignorante, recluido, desprovisto de cariño.
La luna me mira compasiva y comprende mi temor, comparte mi situación, todos la observan y hablan de ella, pero está sola, en el momento en que más brilla y se entrega pura e inocente hacia un mundo que la ignora por completo. Amiga, ven por mí, acá encontrarás a otro compañero sediento de amor puro, desinteresado y extremadamente desesperado.