sábado, diciembre 17, 2005

La luna en el mar


A pesar de aparentar lo contrario soy un hombre triste y solitario. La alegría me ha abandonado y solo me acompaña en los momentos en que me encuentro con peculiares seres que aparentemente sienten un cariño por mí. Pero no se puede estar siempre acompañado, la noche cae, con ella la soledad, la angustia y la desazón que se funden y me acompañan en tan amarga velada. ¿Por qué he decidido quedarme solo? Nadie me conoce lo suficiente, mi corazón es un objeto amorfo, tímido que se niega a entregarse a la razón humana, por miedo, por ese profundo sentimiento de rechazo que me provoca.
Oculto, refugiado en mis infundados temores me desespero y yazgo acá alejado del afecto, soy un ermitaño sentimentalmente ignorante, recluido, desprovisto de cariño.
La luna me mira compasiva y comprende mi temor, comparte mi situación, todos la observan y hablan de ella, pero está sola, en el momento en que más brilla y se entrega pura e inocente hacia un mundo que la ignora por completo. Amiga, ven por mí, acá encontrarás a otro compañero sediento de amor puro, desinteresado y extremadamente desesperado.

No hay comentarios.: