domingo, noviembre 27, 2005

Los sueños, sueños son.


Que sería la vida sin nuestros reprimidos pensamientos, quitarnos la única manera en que podemos despegar de la monótona realidad. Alejarnos un instante de las estructuras y cánones, viajar por las nubes jugosas, comer delicias inexistentes, probar la sabia que nos fueron negadas por una manzana, regresar al error y enmendarlo.
Una vida sin sueños es como un mar sin olas, calmado, tedioso, aburrido, monótono.
Arraigados a la tierra nos encontramos, pero siempre existe la posibilidad de romper el cordón, y vivir libres nuevamente. El útero nos retiene, pero la luz es más fuerte y nos incita a salir, a conocer. Cuanto tiempo perdemos en absurdas distracciones alienantes, en torpes reflexiones, porque no ocupamos el tiempo soñando, todo los seres conectados por sus deseos y pretensiones más ocultas. Que divertido sería encontrarnos en ese lugar, y compartir, charlar, interactuar. El momento en que logremos imaginar nuevamente nos salvaremos, en ese lugar donde las sumas no siempre son exactas y no existe un único resultado, donde las respuestas pueden variar y no sólo disponemos de un par de alternativas, o lo que es peor, una verdad absoluta. Vivamos querubines, sumerjámonos, exprimamos el espíritu de la materia, y no nos limitemos a apreciar solo la envoltura.
Compartamos el dulce recuerdo del conocimiento sin ataduras, y así algún día lograremos crear nuestra fábrica de felicidad eterna.

No hay comentarios.: